lunes, 13 de abril de 2009

Regreso a casa

Nos levantamos temprano esa mañana. Por delante nos quedaba un día trepidante, saltando de un país a otro, con ayuda de los aviones, claro está.
Nuestro primer objetivo era llegar a tiempo a coger el enlace de Montevideo a Madrid, tan solo había unos 45 minutos entre el aterrizaje de uno y el despegue del otro. Llegamos a tiempo, embarcamos las maletas más grandes, nos dirigimos a la puerta correspondiente, y a la hora exacta, llaman a los pasajeros para meterse en el avión. Nos metimos en el micro que nos llevaba al avión. Y entonces, entonces, oí como llamaban a los propietarios de algunas maletas, entre ellas estaba arnoia. Di un salto en el asiento del micro, y me llevaron allí de donde sale el equipaje, allí estaba mi maleta. Y unos cuantos polis vestidos de paisano,
-“¿Alguna de esas valijas es suya? “
- Si, esa es mía
- Por favor, ábrala
-Pero…¿Por qué?
-Por si las dudas señora, hemos visto por el escáner algo sospecho.
Nerviosa, aún no sé cómo, conseguí abrir la maleta. De allí saqué las bragas de último uso, camisetas, pantalanos. Y allí que parecen los yuyitos
-Eso, señora ¿Qué es eso? Démelos, por favor
Miradas de complicidad entre los polis “ A estas las hemos pillado” Les echaron a los yuyitos un líquido que, menos mal dio el color adecuado, es decir estábamos limpias de cualquier tipo de sustancia ilegal.
Después apareció una cajita de cactus, en la que yo había metido otros yuyitos
-A ver ese, por si las dudas, vos sabés
-Sólo son yuyitos hierbas típicas en ju juy

Yo ya no sabía nada, entre 4 polis, arnoia allí al otro lado, mis manos temblaban, El corazón se salía del pecho.
´-Si, si señora ¿Qué son yuyitos?
Pero si en Argentina todo el mundo sabía que eran yuyitos.
Otra vez líquido, otra vez el color correcto.
-Disculpen las molestias, solo es por si las dudas-Esta frase me quedó grabada en la mente.
-Podés recoger, las cosas, todo está correcto.
Yo no era capaz de recoger nada, los polis me ayudaron a cerrar la maleta, la muy puñetera, no se quería cerrar. Me sentaba encima y entonces no podía echarles el cierre. Me levantaba y no podía acabar de cerrarla, salía por aquí la manga de un jersey, por allí la pata de un pantalón… Al final pude cerrarla, pecharla. Ponerle la correa identificativa, quizás esto lo pusieron los polis, no lo sé.El caso que salimos del aeropuerto de Buenos Aires, hacia el de Montevideo, con las dudas si nos volvería a pasar lo mismo en las diferentes aduanas que aún teníamos que pasar.
Cuando llegamos a Carrasco, nos dijeron que nuestro avión se había retasado 8 horas, ya que no daba tiempo a pillar el enlace.
Y allí estaba yo, deseando fumar, y no había ningún sitio permitido para este fin, así que me hice la dueña del baño de señoras y allí con arnoia vigilando por si venía la guardia de seguridad, que de vez en cuando se daba un paseíto gritando “Señoras no se permite fumar en los baños” Como fugitiva, me fumé un cigarro, después aparecieron otras chicas a fumar, casi todas españolas, entonces arnoia se quedaba en la puerta y nos hacía de vigía. Ays cuantos traballiños
No tuvimos más problemas en todo el viaje, solo recuerdo que al embarcar en Madrid hacia Santiago, mi maleta dejó un rastro de líquido de lentillas. Cuantos porrazos debió de llevar, bueno, como no era mía, que era de arnoia jajajaja
Y aquí se acaban las aventuras de dos gallegas en Argentina.
FIN


Agradecimientos
Clau por enseñarnos tan bien Buenos Aires y cuidarnos en el piso de steffy.
Sobrino de Clau por irnos a buscar al aeropuerto
Steffy por dejarnos invadir su piso
Alicia por su recibimiento y acogida en Bariloche
Tesorito por ser tan buen taxista
Alicia´s family por las molestias causadas
Gladys por cocinar tan bien
Juanita por su recibimiento y acogida en Jujuy
César por hacer tan bien de taxista
Juanita´s family por las molestias causadas.
Y a todos cuantos he conocido en Argentina
Y a ti arnoia por la compañía y hacer de vigilante en el aeropuerto de Carrasco

jueves, 9 de abril de 2009

Ultimo día en Jujuy y regreso a Buenos Aires

Este último día en Jujuy, pasó rápido, realmente fue medio día sólo.
Por la mañana fuimos a un mercadillo de ropa usada, kilos y kilos de ropa dispuesta según prendas, aquí faldas, allí camisas, más allá abrigos, gorros, pijamas, calcetines, todo lo que uno se pueda imaginar, esa ropa venía de todas partes del mundo, hasta algo de Marruecos, creo que vimos. Todo ello debajo de un toldo oscuro. Amaná se lo pasó pipa, mirando todo, todo.
Allí quedó el mercadillo, porque imaginando la procedencia primaria de aquella ropa, no me apetecía mucho revolver en ella.
Después del mercadillo fuimos a comer, claro , el último día y no comer, sería faltar a nuestros principios. Comimos una especie de humitas; unas picantes y las otras normales, muy ricas todas ellas.
Y llegó la hora de las despedidas, que difíciles se hacen. Así que lo dejaremos así.
Y vuelta al suplicio de no poder fumar, menos mal, que allí estaba uno de los Morancos, el mayor, transformado en conductor de micro, y una vez pasados los peajes, allá que me fui a la cabina de los conductores a tomar mate y a fumarme unos pitillos, en la compañía del conductor-moranco y el azafato del micro., que me sentaron de maravilla después de la cena.
Poco antes de la cena tuvimos control de narcóticos, pararon el autobús y hubo registro de bolsos, maletas, y algunas personas, por parte de las autoridades. Esa ruta que estábamos haciendo venía directamente de Colombia. No se esmeraron mucho en el registro, pero allí estuvimos parados como una hora.
Después del desayuno hubo otra vez charleta con los conductores en la cabina, tomando mate, fumando, que maravilla, hasta llegar a la 1ª estación de micros en Buenos Aires, a una hora más o menos de la central.
Llegamos por la mañanita, pillamos un remix, y al piso de Steffy a preparar todo para, al día siguiente partir hacia casa..
Pero aún nos faltaba la última comida en Buenos Aires, allí conocimos a un amigo de Alicia, un argentino que se fue a Venezuela hacía años, y regresaba de vacaciones después de no sé cuanto tiempo sin pisar la patria. Muy amable, pero no recuerdo su nombre.
Por la tarde la dedicamos a descansar un poco, y después arnoia y yo fuimos a dar una pequeña vuelta por el barrio. Hicimos las últimas compras, las que se nos habían olvidado y algunas más. Cenamos toblerones con champán, como despedida. Y a la cama que al día siguiente había que madrugar.

sábado, 21 de marzo de 2009

La Quebrada de Humahuaca

La Quebrada
El día amaneció espléndido. Nos levantamos bien temprano, desayunamos, y allá nos fuimos
Nuestra primera parada fue en un mirador, cerca de JuJuy.

Desde allí se divisaba el río, seco, sequísimo. Y siguiendo su cauce, allá al fondo se veían las montañas más altas. Hacia ellas nos dirigíamos. Primero iríamos a ver el Cerro de siete colores, ya que había que verlo con la luz de la mañana para apreciar todo su colorido. A medida que íbamos subiendo, porque subíamos y mucho, el paisaje iba cambiando, de un desierto semiseco, con algún atisbo de vegetación allá abajo, donde algún riachuelo dejaba una serpiente verde, a un desierto sin nada de vegetación, salvo los cactus, esos que se ven en las películas del oeste, con sus brazos en alto. Y claro, que aunque a mi aquello me pareciese un desierto, había fauna y flora. Las llamas erguidas como estatuas orgullosas, esos cactus, y algunas hierbitas más. Pero lo que realmente era extraordinario de todo aquello, eran los colores de los cerritos, uno verde, al lado otro rojo, pegado a él uno violeta, y no era la vegetación, eran los tipos de tierras que los formaban. Era un paisaje realmente lunar y multicolor.


Paramos en algunos pueblitos como Pumamarca, donde se encuentra el cerrito de los siete colores.

Cerrito de singular colorido pasa del azul, al rojo, amarillo, verde etc, como en substratos de arriba abajo. o de abajo arriba, según como se mirase, para entonces la puna, iba haciendo mella en mi. Y ya no sabía muy bien como mirar las cosas. Tilcara, donde había un mercadillo, y era un pueblito cuyas casas estaban hechas de adobe, Humahuaca (Conste que estoy mirando como se escriben) aquí había un yacimiento arqueológico.


Pero bueno, iremos por pasos. Como he dicho vimos el cerrito de los 7 colores, después, César nos quiso llevar hasta Chile,

si me descuido un poco. Y empezamos a subir aquello “cerritos”, íbamos bajando del coche aquí y allí, y el apunamiento se iba haciendo cada vez más patente, hasta que llegado este punto. 4170 metros de altura, yo estaba, mejor dicho, no estaba. Esa continua sensación de que estaba dentro de un avión despegando, no me dejaba estar. Algo me presionaba las sienes, me costaba dar un paso como si tuviese los pies de plomo, mi cabeza flotaba mientras mis pies no se querían mover del sitio, en fin, estaba apunada. Una sensación bastante desagradable, aunque, por suerte, no fue muy fuerte, tan solo los primeros síntomas. Y ya no llegamos hasta Chile, porque habría que pasar la zona llamada La Puna, un poco más alta a unos 6500 m de altitud., donde se encuentra el desierto de Atacama. Para experiencia, ya me llegó. Solo decir que el coche estaba aparcado a unos 50 m de ese letrero que veis ahí,

y pensé que no llegaba, claro que era cuesta arriba.


Al descender unos cuantos metros de altitud (1000 m), el cuerpo se fue acostumbrando un poco a esa sensación, ya se me quitó la presión de las sienes, pero el corazón me seguía latiendo a 1000 rpm Después de todo eso….¿os creíais que no íbamos a comer? Pues si comimos, Y muy bien. En un bar de pueblo comimos

: Humitas, milanesa de llama, tomamos te de coca y como nuevas
Al acabar de comer y después de dar un paseo por el pueblo (Tamamarca) nos dejaron sueltas en un mercadillo artesanal, hicimos algunas compras, y vuelta al coche. Nos dirigimos hacia Humahuaca, para ver los yacimientos arqueológicos y un pequeño zoológico con fauna de la región. Pero, este pueblo está un poco más alto y la puna volvió a aparecer, así que, decidimos no bajar del coche, porque todo ese recorrido había que hacerlo a pie y mi corazón podía salirse de su sitio. A cambio bajamos hasta el valle del río Grande, ese que va seco, Y ya a un nivel de altura adecuado para una pobre gallega que vive todo el año a nivel del mar, nos pusimos a buscar las huellas de unos dinosaurios, el busto del general Sanmartín etc etc, todo ello excavado en la roca y obra de la naturaleza. Quizás vimos las zarpas del dino, pero nada más.


De vuelta a Jujuy, la sensación de apunamiento desapareció casi totalmente, aún quedaba un algo de fatiga, que no sé si era por tantas maravillas vistas o el mal de altura.
Y al día siguiente era nuestra partida a Buenos Aires. Pero todavía nos quedaba el mercadillo de ropa usada del domingo

sábado, 7 de marzo de 2009

Cuenta atrás 4 días


Tan solo nos quedaban 4 días en Argentina: 2 y medio en JuJuy, uno de viaje a Buenos Aires, 1 día en esta ciudad, y al día siguiente, martes, vuelta para casa. Todo estaba calculado al segundo, Ya nuestros cuerpos estaban acostumbrados a los 1200 metros sobre el nivel del mar, al día siguiente nos enfrentaríamos a los 4.100 de la Quebrada, y su puna. Pero bueno, eso era al día siguiente.
Aún nos quedaba todo el viernes por delante.
Fue muy completo este día. Como siempre, después de juntar casi el desayuno con la comida del mediodía. César y Juanita, nos llevaron de paseo. Hoy el día estaba, frío, lluvioso, desapacible. El lugar a visitar fueron Las Termas,

Un Balneario entre los cerritos cercanos a Jujuy. No pudimos apreciar el paisaje a causa de la lluvia-nieve, niebla, todo en uno que había esa tarde. Aún así se adivinaba el panorama que nos estábamos perdiendo. Yo digo cerritos, pero teniendo en cuenta Jujuy, como ya he dicho, está a unos 1200 m sobre el nivel del mar, con otros 500 metros que podían medir aquellas montañitas de la precordillera andina, nos situamos a unos 2000 metros de altura, que vértigo ¿Verdad?


César quería llegar hasta el punto más alto, imposible, teniendo en cuenta que no se veía nada y que las carreteras se convirtieron en caminos, decidimos que era mejor ir a tomar un cafelillo a la cafetería del balneario.
Allí nos dio la bienvenida un amigo (Creía que tenía afotico del chucho, pero no hay). El lugar era todo lujo, y para sentirnos como en casa, sonaba la música de Julio Iglesias “Un canto a Galicia Heyyyyyyy terra dos meus pais” ¿Qué más se podía pedir? Estuvimos un buen rato al calorcito del café, fuimos a ver las instalaciones, y después de dejar nuestra marca en los lavabos. Regresamos a Jujuy
Como ya expliqué anteriormente. En Jujuy se celebraba una fiesta gaucha, el viernes era el día principal de la celebración. Esta fiesta si mal no recuerdo, era algo así, como que se unían dos ciudades para echar a los españoles de la región. Y era como una romería que se hacía desde Salta, hasta Jujuy, en otra época del año, la romería se hacía a la inversa.
1ª Se hacía un desfile por las calles principales de la ciudad de los gauchos a caballo. Pero no llegamos a verlo porque estábamos de camino a Jujuy
2º Había una quema de chocitas en las inmediaciones de un puente. Corrimos y corrimos, pero no llegamos a tiempo.
3º Algo más había, pero como estábamos corriendo para ver la quema de las chocitas y este otro acto se hacía, en otra parte de la ciudad. No llegamos a verlo.
4º Pero, si vimos la retreta, y en situación privilegiada, en el palco de las autoridades. Donde nos subimos y como nadie nos conocía, pensarían que éramos una representación del bando perdedor, vimos todo en primera línea y al lado del alcalde


La retreta consistía en lo siguiente. En la plaza del pueblo, se situaban las diferentes collas de gauchos en los 4 vértices de la plaza. Mientras el ejército estaba en medio. Entonces empezaban a llamarse por medio de una musiquilla “Tata taata ta tata taata tatatataaa” o algo así. Poco a poco los gauchos iban acercándose al medio de la plaza. Hasta que se unían al ejército y todos juntos bailaban al compás de esa música. El alcalde dio su discurso, Alicia salió en 1º página de todos los periódicos locales al día siguiente, nos hicimos fotos con gauchos y gauchas. Y nos fuimos a la fiesta popular, que era demasiado popular, ya que no se cabía en aquel pabellón. Entonces nos fuimos a cenar a un lugar más tranquilo. Donde, a mi se olvidó que pedir una cerveza, significa 1 litro entero de cerveza. Que peniña más grande. Ajajaja
Había un baile gaucho también, pero no fuimos, porque al día siguiente, nos tocaba la Quebrada, y había que madrugar. De todas formas, llegamos a casa de Juana y con una botella de champán nos dieron las tantas de la noche.

lunes, 16 de febrero de 2009

Seguimos en Jujuy

Nos levantamos tarde esa primera mañana en Jujuy. Y es que entre tanto micro de acá para allá, necesitábamos descansar, al menos yo. Que soy como un bebito, si me quitan mis horas de dormir, me pongo muy repugnante jajajaaj
Desayunamos opíparamente: Café, leche, dulce de leche, diversas facturitas, tostadas, queso para untar, diferentes tipos de mermeladas, yo qué sé cuantas cosas tenía Juana, debió pensar que íbamos un regimiento a su casa
Casi se nos juntó el desayuno con la comida.
Antes, entre uno y otro, nos dio tiempo a dar un paseo por Jujuy, un día maravilloso: sol, luz, gente, bullicio
Calles de jujuy
La fisonomía de la gente era muy diferente a la de Buenos Aires y Bariloche. Me parecía que estaba entre incas, aztecas, quechuas.
Esa tarde, después de comer, nos fuimos al mercado. Allí compramos diferentes Yuyitos (Hierbas de todas clases) que nos traerían grandes quebraderos de cabeza. Pero bueno, eso es otra historia. Los yuyitos son hierbas que sirven para muchas cosas: Para tener buena salud, para que venga la suerte, el dinero, el amor, en fin, cuantas cosas desees. Hay que quemarlas y sahumar con ellas, aquello que quieres que se impregne, aparte del humo, la suerte, el amor, dinero, salud etc, etc. Incluso hacen las bolsitas personalizadas, según de que quieras tener un poco de más. Las hay rosa fucsia, verdes azules, marrones, violetas, estos son como una especie de resina, y cada una simboliza algo, ahora no me acuerdo de que colores simbolizan cada cosa. Pongo foto aclaratoria.
Tienda de yuyitos y yuyitos
Cuando llegamos a casa de Juana, ella, hizo el pachamama, sahumar toda la casa con los yuyitos. Es decir, sartén en mano, y hechas las brasas, se paseó por toda la casa, ahumando o sahumando todo. Incluidos nosotros jajajajajaj. Fue muy divertido, pero si pongo el video aquí, alguien puede colgarme de un pino.
También nos dio tiempo esa misma tarde a ver un poco de los alrededores de Jujuy. El marido de Juana, al que voy a llamar César de aquí en adelante, aunque ése no sea su verdadero nombre. Pero le va muy bien. Y quien lo conoce, lo sabe perfectamente. Bueno, pues César, noc llevó a hacer una pequeña excursión, vimos algunos cerritos de los alrededores, un campo de tiro, desde donde se podía ver la ciudad y el río, cuyo nombre no recuerdo, que iba seco seco, o sea, no había río, había el cauce, pero sin agua. Debe ser muy grande por la anchura que tenía. E imaginar que allá dentro de los cerritos, había serpientes, y otros bichos que no sé muy bien que eran, pero al parecer, eran muy venenosos. Allí se quedaron El rio
Esa noche nos fuimos de cena con las amigas de Juana. Un bar muy enxebre, donde comimos hamburguesas, pero a la argentina. Arnoia se lió con el marco de un cuadro, que al final, fue a dar a las cabezas de todas, a modo de halo. Menos mal que solo era el marco y no había cuadro

domingo, 18 de enero de 2009

Llegada a Ju Juy

Cerca de Ju Juy vimos una procesión de gauchos. Yo ya creía que allí todo el mundo iba con ese atuendo y encima de un caballo. Lo que no sabía es que en Ju Juy esos días se celebraba una fiesta gaucha, que nos pilló por sorpresa y la cual disfrutamos.



Ya de camino a Ju Juy, se veía que el paisaje era totalmente diferente a todo lo que habíamos visto hasta ahora. Subimos 1200 metros sobre el nivel del mar. Y nos adentramos tierra adentro y hacia el norte unos 1800 km. Desde Buenos Aires.
El paisaje era árido y seco, debido a la estación del año en la que estábamos, invierno. Pero estaba yo con la cabeza un poco al revés. Y el tiempo, me lo habían cambiado. Si al sur era invierno total, con nevadas, fríos polares, abrigos, bufanda y guantes, en ju juy nos esperaba una primavera inminente. Y Juana, claro
Tenía tantas ganas de conocer a Juanita, a Alicia y Clau, ya las había conocido el año anterior, cuando vinieron a Galicia y tuve el placer de conocerlas. Pero a Juana, después de unos 3 años chateando por el Messenger, aún no la conocía.
Llegamos a la estación de micros de Ju Juy, después de recoger las maletas y buscar en los bolsillos unas monedas para darle al mozo (Es importante esto eh, tener siempre unas monedas a mano) Apareció Juana. Abrazos besos, hubo complicidad y cariño desde el primer momento, como no podía ser de otra manera.
Enseguida nos metimos en un remix (Taxi) que nos llevó hacia su casa. Situada justo en el centro de la ciudad. Al principio, la primera impresión, que tuve de esa ciudad, era “Joer, donde nos hemos metido” Nada que ver con lo que durante esos días observé, una ciudad bulliciosa, desde primeras horas de la mañana, hasta bien entrada la noche.
La casa de Juana, por fuera, no dice lo que después es por dentro. Con un patio interior, y las habitaciones dispuestas alrededor de este.
Ese día se nos pasó hablando, riendo, y también hablamos, y reímos.
Nos presentó a su familia. Su marido y 3 hijos, ya que el mayor, estaba estudiando en otra ciudad.
Cuando me metí en cama, todo se movía a mi alrededor, aún mi cuerpo estaba dentro del micro.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Nos vamos de Bariloche

Nuestro último día en Bariloche.
Por la mañana todo el mundo andaba alterado. Alicia daba sus últimas órdenes, ya que ella se venía con nosotras a Ju Juy y debía dejar todo listo en su casa. Se levantó con el ánimo muy vivo. Nosotras, por fin, fuimos a conocer la ciudad en si. La plaza del ayuntamiento, la estatua del general Roca, sus calles, sus tiendas.
A pesar que Bariloche tiene una población de unos 100 mil habitantes, el núcleo urbano no es muy grande. Tiene una calle principal y las demás van saliendo de ella a izquierda y derecha. Tiene una bonita plaza, donde se enclava el ayuntamiento y las diversas oficinas oficiales. Todas ellas de madera y piedra, muy vistosas. Con los tejados típicos de una zona donde nieva mucho, puntiagudos hacia arriba. En medio de la plaza está la estatua del General Roca, muy polémica, ya que el fue quien echo a los indígenas de la zona hacia Chile. Y en nuestros días, los pocos descendientes de aquellas tribus, quieren que se retire la estatua.

También visitamos una fábrica de chocolates, tesorito nos tenía una cita concertada, pero bueno, ya se sabe como somos todos los latinos, y llegamos tarde. Así la visitamos en un vuelo. Es curioso que en un lugar tan parecido a Suiza, hagan unos chocolates tan parecidos y tan ricos como los de este país europeo. La fábrica en si se llama El Turista, peculiar nombre también. Bueno, el caso, es que allí hicimos nuestras compras de chocolates varios.


Después de comer frugalmente, un rico pastel de zapallo (Calabaza). Llegó el momento de la partida. Todos nuestros bultos se instalaron en la parte trasera de la camioneta de tesorito. Y allá nos fuimos a la estación de micros. Nuestros asientos eran el 1,2 y 19, una tendría que viajar sola. Pero Alicia, con todos sus recursos, que son muchos, hizo ver a un viajero de 1.90 de altura que iría más cómodo en el asiento nº 19 y no en el 3, y la verdad que tenía razón, porque en ese asiento fui yo, y no creo que un hombre de 1.90 cupiese ahí.
Aunque la apartida de Bariloche fue triste, allí quedaban tesorito, J.H. Magali, Gladis, el lago, las montañas…era emocionante saber que a 4000 km de distancia nos esperaba Juana.
Saliendo de Bariloche, a pocos kilómetros, empezaron las protestas de los diferentes pasajeros, y es que la prohibición de ir a más de 90km/h se la saltaba el conductor del micro cada dos por tres, y en una curva, creo que tuvo serios problemas para controlar el micro. El azafato, que no tenía con quien desahogarse, se dirigió hacia nuestros asientos para, a su vez, decirnos que él no tenía la culpa, y todos los pasajeros se iban hacia él. Nosotras comprensivas, le decíamos que en aquella curva a punto estuvimos de salirnos de la carretera. Entre charla y charla, nos trajo una botella extra de champán, y yo ya me quedé dormida. Entre sueños, pude oír algo de la conversación que mantenían arnoia, Alicia y el azafato. “¿Qué edad tenés?” (Esta pregunta es la más usada para entablar conversación y empezar a flirtear) Oí algo de 29 años, risas y volví a dormirme. La verdad que yo me perdí esta parte. Seguro que arnoia se la sabe mejor jijijijiji
Llegamos a Buenos Aires al día siguiente. Ya habíamos hecho 2000 km de los 4000 que teníamos que hacer. La escala en Buenos Aires era de unas 12 horas. Nos fuimos al apartamento de Steffy, duchita. Y a la calle de nuevo. Me gustó aquella zona, no recuerdo el nombre, pero había muchas librerías, mucha gente de aquí para allá. Y llegó la hora de comer. Alicia nos llevó a un restaurante, donde ponían unas parrilladas de vicio. Dimos buena cuenta de ella, y a preparar la maleta para Ju Juy.
Otra vez en la macro estación de autobuses con cientos de compañías de micros que iban a un lado y a otro. Nos subimos al nuestro, que ya no me acuerdo de la compañía, pero era muchos menos cómoda que la que tomamos para Bariloche. Casi no cabíamos acostadas en los asientos cama. Y eran más endebles que los otros, ya sé que las comparaciones no son buenas, pero no teníamos otra cosa que hacer. La cena, no tengo otras palabras que, un asquito, aún no sé muy bien que era aquella cosa gelatinosa, con pinta de caca de bebe, que nos pusieron y aunque cerrase los ojos e intentase tragar, era imposible, el sabor tampoco daba pie a comer. En fin, que quedó allí toda aquella pasterada.

Después del tute que llevábamos encima, dormí toda la noche, me desperté para el desayuno, que ya estaba algo comestible que la cena, pero no mucho mejor. Y sin darnos cuenta estábamos en Ju Juy.
Pero esto, ya quedará para otro día