jueves, 7 de febrero de 2008

Un día de temporal



Un dia de temporal


Las tres pequeñas calas estaban cubiertas de espuma. El mar batía sobre las rocas que las separaban. Desde la atalaya privilegiada donde estábamos se podía observar el ímpetu del océano abalanzarse sobre las rocas, la arena, los acantilados
El viento soplaba con fuerza, esparciendo el mar en diminutas gotitas, formando una cortina de agua a pocos metros de distancia de la orilla, o quizás, fuese en la orilla mismo donde se originaba.
Un relámpago cayó sobre el mar , el trueno no se dejó oír, amortiguado por el bramido del mar, descargando su furia un poco más abajo de donde nos encontrábamos.
No pude resistir más, bajé del coche, una bofetada de aire helado me hizo tambalear, las millones de gotitas elevadas por el viento, empaparon mi cara, otra ráfaga de aire huracanado, hizo que retrocediese varios pasos, hasta colocarme al débil abrigo que me ofrecía el auto. Ahora podía escuchar el alboroto del temporal: Las olas, el viento, la lluvia de mar, la arena luchando por no ser absorbida por el océano, las rocas ofreciendo resistencia inútil al trabajo meticuloso de agua y viento deshaciéndolas molécula a molécula
Vi venir la mole de agua empujada por las fuerzas ocultas del mar, la vi acercándose, un ruido ensordecedor me llegó desde el otro lado de la pequeña playa, la ola enorme empezó a romper , llegó a la orilla y la oculto por completo, llegó hasta los cañaverales que se tambaleaban ya por el impulso del viento, quedaron sumergidos por unos instantes, la ola llego hasta nuestra ubicación privilegiada, vimos la cresta como se alzaba por encima del acantilado, de unos 8 metros de altura, retrocedimos por un impulso súbito, al ver como el mar nos miraba por encima de nuestras cabezas. Creíamos estar observándolo y era él quien nos observaba a nosotros.
Nos metimos en el coche de un salto, estábamos empapados. Otro ruido, no menos trepidante que el del mar se sumó a la sinfonía que estaba tocando la naturaleza, el granizo empezó a chocar contra el parabrisas del coche.
Ya era hora de irnos. Dejamos que las fuerzas naturales hagan su propia lucha, mar contra tierra, cielo contra mar, tierra contra cielo; olas, rocas, rayos, arena y viento librando su particular batalla en la intima soledad de una playa cualquiera, un día cualquiera.
Lo más productivo es dejarse contagiar por esta furia salvaje y animal, siguiendo el instinto humano en estos casos, cuando la adrenalina corre por las venas y quiere escapar por alguna parte
Saraiba

6 comentarios:

Insumisa dijo...

Debe haberte dado algo de miedo. Pero igual, fue emocionante ¿verdad?

Besos, mi querida Saraiba

Anónimo dijo...

Muy emocionante, piel de letras, excitante, impresionante, así es el mar por estas tierras, salvaje como fiera en la selva.
Un beso enorrrrrrrrrrrrme, como esa ola.

Anónimo dijo...

Qué bó poder mimetizarse coa natureza atemporalada e axitada... ata a descarga final :-) Mentras, outras andamos con temporais internos crónicos, sin explosión, sin apaciguamento.¿Imaxinas algo así? Nada recomendable tanta contención. Dígocho eu.

Anónimo dijo...

Se non mal recordo hai por aló un son onde se poden escoitar moi ben todos estos ruidos e mais.
Por outra banda achegádose como esta o vran, pódense apaciguar as tormentas interiores noutros lonxanos lugares do mundo adiante
¿Non crees?¿ jajajajajajaja

Paz Zeltia dijo...

que suertuda poder disfrutar de todo ese espectáculo: verlo, vivirlo, sentirlo!... a mi tambien esas cosas...
me ponen!

:9

saraiba dijo...

El mar me da buenas vibraciones